Mi gran amigo Carlos
Jamás hubiera pensado que iba a encajar tan mal la muerte de mis dos grandes amigos. Sin embargo así ha sido. El día 3 de diciembre viajé hasta Málaga para ver a Carlos, después lo hice varias veces más. Le tomé su mano entre las mías y lo besé como si fuese un hermano. Maria Victoria y Maqui me contaron con los ojos completamente rojos cómo había ocurrido el accidente. Él continuaba sonriendo y me decía que tenía que salir, porque tenía una reunión con la consejera de la Junta. Hablé con él de nuestras cosas y una vez más le conté los “problemillas” que había. Me dijo sonriendo, “ya lo arreglaremos, no te preocupes, ¿cuándo hemos fallado nosotros?”. Hace veintinueve años que le conocí. Educado, dando sensación de seguridad, con una ilusión impresionante. Fue mi secretario general en la Federación Andaluza, mi brazo derecho durante dieciocho años, pero sobre todo mi gran amigo. Los últimos nueve años fue mi vicepresidente en la Real Federación Española, convivimos de una manera muy estrecha, tanto que era mi hermano mayor. Lo conocí de verdad y me di cuenta que disfrutaba enormemente cuando estaba en compañía de sus amigos. Carlos, como cualquiera de nosotros, podría tener defectos, pero había algo que desconocía totalmente: la ENVIDIA, me lo demostró en infinidad de ocasiones. No sabía lo que significaba ese sentimiento. Era maravillosamente desprendido y sobre todo... amigo de sus amigos. Carlos, recuerdo con enorme felicidad tantas horas vividas, tantos viajes, las miles de veces que me quedaba en tu casa. Nunca podré olvidarlo. Gracias por aquellos días inolvidables. Estabas enamorado de tu familia, te sentías verdaderamente orgulloso de ella y la verdad es que es para estarlo. Quiero agradecerte que nos incluyeras entre ellos. Te prometo que intentaré no defraudarte nunca. Estoy escribiendo y no consigo contener las lágrimas. Has dejado un gran vacío, te echaré de menos. Sé que desde el cielo nos ayudaras a todos. Fuiste mi amigo insustituible y por encima de todo, LEAL. Con una lealtad a prueba de cualquier cosa. Gracias por estos años, cortos pero llenos de vicisitudes, con momentos buenos y, por supuesto, también malos, pero siempre, juntos, los superamos. Tu hija me llamó para decirme que quería que yo fuera la primera persona que se enterase de tu partida porque sabía cuánto has significado en mi vida. Seguro que soñabas con hacer infinidad de cosas, todas las que teníamos en mente y que tanto habíamos hablado, disfrutabas con ellas, lo sé. En menos de un mes, he perdido a dos de mis mejores amigos, Ángel y Carlos. Los dos fueron mis secretarios generales, en la Real Federación Española de Caza y en la Federación Andaluza de Caza. Los dos eran insustituibles. Y nunca creí que vuestra muerte me doliera tanto. 
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